problema-filosoficoLa filosofía discute cuestiones que nos afectan como seres humanos. Si tuviéramos que responder cómo reconocer o distinguir un problema estrictamente filosófico del resto de problemas, podríamos decir que un problema es de filosofía cuando se interesa por algo que es de interés para cualquier persona.

Cuando los intereses no son filosóficos, están relacionados directamente con cosas que queremos hacer y que suelen ser prácticas, algo inmediato. Por ejemplo, si quieres comer pasta, lo más normal es que te preguntes cuántos minutos necesita de cocción para que estén listas. Si no vas a comer pasta, esta pregunta podemos obviarla. Lo peculiar de la filosofía es que se interroga por lo que somos como seres humanos y no sólo por lo que queremos ser en un momento determinando. Imagina que estás en la calle y te dispones a coger el autobús porque has quedado con alguien, y en ese momento te das cuenta de que no tienes reloj (ni llevas tu smartphone), lo primero que haces es preguntarle a la persona que espera contigo a tu lado qué hora es. En cuanto te la dice, tu interés por saber la hora se acaba y coges el autobús que acaba de llegar. El interés que tenías por saber la hora es puramente instrumental, ha cumplido su función en ese momento y deja de interesarte.

Pero si en vez de preguntar por la hora, te preguntas qué es el tiempo, ya no relacionas el interés con algo concreto que quieres hacer o saber. La respuesta tampoco tendrá repercusión en tu vida cotidiana. Sea lo que sea el tiempo, seguirás haciendo las cosas que haces cotidianamente: comer, andar, charlar…no altera la vida porque la pregunta no tiene nada que ver con lo que vas a hacer, sino con lo que eres, con lo que soy. Cuando te preguntas qué es el tiempo, lo que te estás preguntando es que qué supone vivir en el tiempo sabiendo que éste existe, te estás preguntando qué significa despertarte y levantarte por las mañanas, saber que vas a envejecer. En definitiva, te preguntas por el significado del ser humano.

El filósofo Hegel dijo en cierta ocasión que la gran tarea del hombre era pensar la vida. Sabemos mucho sobre la vida: cómo comemos, como caminamos, cómo nos reproducimos, etc. ¿Pero qué debemos pensar de todo esto? ¿Qué significa que tengamos pulmones, manos o cerebro? ¿Qué significa que vivamos en sociedad, que nos enamoremos, que vivamos en pareja? Éstas son el tipo de preguntas que hace la filosofía y que como ves, nada tiene que ver con las cosas prácticas. ¿Cuál es su propósito entonces? Tratamos de averiguar algo más sobre nosotros. La filosofía no sirve para salir de la duda, sirve para entrar en ella. Las personas que no dudan son esas que nunca filosofan, personas incapaces de asombrarse, y añadiría que no son de fiar.

Sócrates, padre fundador de la filosofía, se pasaba el día preguntándole a la gente tonterías. La actitud de Sócrates define la actitud filosófica: jugar a hacerse preguntas igual que un niño, pero haciéndolas completamente en serio, con el objetivo de salir lo antes posible de la ignorancia, porque las personas que filosofan son las que están deseosas e impacientes por abandonar la ignorancia.

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