consumo

Desde hace un par de lustros se ha definido una nueva enfermedad, la adicción al consumo. Se trataría de una enfermedad psíquica consistente en la pérdida de voluntad y la necesidad compulsiva de comprar.

Tradicionalmente se consideraba que una adicción debía cumplir tres características: tolerancia (la necesidad de consumir cada vez más para lograr el mismo resultado), síndrome de abstinencia (que se produce si no se puede comprar) y pérdida de control (no se puede parar). Las tres características las presentan los adictos a comprar. Como hemos indicado en otro artículo, ahora el consumo es una forma de ocio, de forma que no hace sino facilitar el aumento de estos adictos.

Lo más curioso de esto es que nadie parece cuestionar el contexto en el que esta nueva forma de adicción se produce, sino que lo que se cuestiona es a la propia persona. Se la juzga por comprar compulsivamente, pero no se juzga al sistema que orienta y dirige a esa persona para que la compulsión se agrave y el consumo parezca la única salida real.

El 29 de noviembre de 1996 un grupo canadiense propuso crear el Buy nothing day (el día de no comprar nada), y trató de promocionar la idea mediante una serie de anuncios en las cuatro cadenas más potentes de por entonces en Estados Unidos. De estas cuatro cadenas, solo la CNN aceptó el anuncio, las otras tres (CBS, ABC y la NBC) rechazaron la propuesta. Desde entonces, el viernes siguiente al día de Acción de Gracias, celebrado en Estados Unidos y creo que en Canadá también, se propone este día de no comprar nada. Pero esta iniciativa ha recibido duras críticas por parte de los defensores del capitalismo liberal como una idea que va contra los intereses de la sociedad. Nos preguntamos si no sería más bien al revés… Si no sería que el consumo constante y continuo va a dejar como resultado una sociedad de adictos a las cosas y un medio ambiente fatalmente perjudicado. En otra parte ya hemos hablado de la doble espiral viciosa que genera este sistema.

Que conste que ni una sola palabra de las que aquí escribimos pretende ser un reproche moral para el consumidor compulsivo. El reproche lo reservamos para el sistema que lo provoca, es el entorno circundante, el medio socio-económico el que lo hace posible y no debemos permitir que salga exonerado de esta situación.

 

Manuel Bermúdez Vázquez.