La política no es una actividad secundaria, ni mucho menos despreciable. Es lo contrario, es una tarea esencial, básica para todo ser humano y nadie puede sustraerse a ella.

La política no es una actividad secundaria, ni mucho menos despreciable. Es lo contrario, es una tarea esencial, básica para todo ser humano y nadie puede sustraerse a ella. ¿Con qué derecho nos podemos quejar si algo va mal si no hacemos nada por impedirlo? La pasividad no es una excusa.

No participar en política es cometer un doble error:

Primero, es renunciar a una parte de nuestro poder, lo que siempre es peligroso.

Segundo, supone renunciar también a una parte de nuestras obligaciones, lo que siempre es condenable.

Declararse apolítico es a la vez un error y una falta: es ir contra los propios intereses y contra los propios deberes.