consumo

El capitalismo liberal se ha desarrollado de tal manera y ha logrado maximizar su naturaleza proteica de un modo tan eficaz que, hoy en día, se permite no solo producir los productos que luego se compran, sino que también produce al consumidor mismo. 1 Esto puede requerir una explicación. Hoy en día las empresas no solo producen los bienes y servicios que les dan sentido y razón de ser, sino que también dedican una parte importante de su gasto empresarial a producir consumidores. Esta partida es la que llaman “gastos de publicidad y marketing”.

Mediante la publicidad se inventan necesidades, se generan insatisfacciones, se persuade con los trucos más viles y engañosos a un auditorio ahíto pero que parece querer todavía más cosas en su hartazgo.

Decía Charles Kettering, un ingenioso inventor estadounidense que trabajó en la industria de los automóviles: “La clave para la prosperidad económica reside en la creación organizada de un sentimiento de insatisfacción”.

La publicidad, paradójicamente, genera insatisfacción, provoca que el disfrute o el uso de las cosas, de los productos, esté muy por debajo de la satisfacción insana de poseerlas. Dicho con otras palabras, poseer las cosas provoca más satisfacción que darles un uso real. Comprar no es sino la consecución de un placer, el placer del poder adquisitivo, comprar se ha convertido en una nueva forma de ocio. Hasta hace bien poco podíamos tener una u otra afición, ahora el ir de compras se ha convertido en una afición, una manera de dedicar nuestro tiempo de ocio. El ocio debería seguir siendo lo que era, un concepto no solo ajeno a la economía, sino opuesto a ella, por lo tanto, ajeno también a los dos polos clave de esta, la producción y el consumo.

El capitalismo ha hecho que ya no se produzca para satisfacer las necesidades del consumo, sino que es al revés, se consume para satisfacer los intereses de la producción. Dicho de otro modo, el consumo ha sido dirigido y orientado en función de los intereses de la producción, y no viceversa. El alcance de esta reflexión es mucho mayor de lo que estas simples palabras puedan indicar.

Vamos a concluir repitiendo el que se va a convertir en el mantra de algunos de estos artículos. Como hemos ido indicando en el análisis de la realidad que nos rodea, las cosas no pintan bien. El sistema que nos rige es fundamentalmente injusto y asimétrico, permitiendo que una minoría atesore grandes riquezas y que la gran mayoría viva cerca de la miseria. Es importante tomar conciencia, de ahí que hagamos nuestra la observación psicoanalítica: “La toma de conciencia de un problema te emancipa del mismo”. Cierto, darnos cuenta de las cosas no las soluciona, pero permite que nos independicemos de ese problema, y ese es el primer paso para cambiar las cosas.

 

Manuel Bermúdez Vázquez.

 

1. Véanse las entradas «La evolución del capitalismo» y también «La nueva religion: el mercado«.