Argumentos y contraargumentos sobre la existencia de Dios desde el punto de vista de la filosofía

Limitar el saber para dejar espacio a la fe”, Kant.

Lo primero que debe quedar claro es que no sabemos si Dios existe o no. Si lo supiéramos no estaríamos aquí reflexionando sobre ello. Lo segundo es que este es un artículo para leer con atención.

Existen tres grandes argumentos sobre la existencia de Dios de los que se ha ocupado la filosofía. Aunque con el paso del tiempo estos se han visto modificados, las líneas esenciales son las que vamos a ver aquí ahora. Pero, desde mi punto de vista, resulta interesante comenzar con una reflexión:

Si nada nace de la nada, la mera existencia de algo, este mundo nuestro que nos rodea, este universo que nos abarca, parece implicar que siempre ha habido algo. Algunos llaman a esto Dios. Esto ya lo pensó San Agustín. ¿Existiría Dios desde siempre? ¿Estaría más bien fuera del tiempo? ¿En qué se entretenía Dios antes de la creación? Según San Agustín Dios no hacía nada antes de la creación. En esta reflexión inicial solo queda añadir que si Dios fuera esto, ese ente que ha existido desde siempre, como dice Heidegger a este Dios “el hombre no puede rezarle ni ofrecerle sacrificios”.

Veamos los tres argumentos principales sobre la existencia de Dios:

1) El argumento ontológico. Esta idea atraviesa la historia de la filosofía desde San Anselmo hasta Hegel. Lo podemos resumir así más o menos: Si definimos a Dios como el ser supremo y perfecto, no sería ni lo más grande ni lo más perfecto si no existiera. Pensar a Dios es pensarlo como existente. De la esencia de Dios no puede separarse su existencia. Descartes lo compara con la esencia de un triángulo rectángulo, cuya esencia no puede separarse de que la suma de sus tres ángulos dé 180º.

La crítica filosófica a este argumento es demoledora. No basta con definir a Dios para demostrar su existencia. ¿Cómo puede una definición demostrar algo? Pensémoslo un poco. Sería como pretender ser más rico por definir la riqueza…

2) El argumento cosmológico. Este argumento se sustenta en el cuarto principio ontológico, el principio de razón suficiente (de Leibniz) que viene a ser así: “Ningún ente puede ser verdad o existir sin que haya una razón suficiente de por qué es así y no de otro modo”. El mundo existe, pero es contingente (este concepto en terminología filosófica significa que no es necesario, que hubiera podido no existir). Así, para explicar la existencia del mundo, es necesario suponer que tiene una causa. Para explicar el mundo (el conjunto de seres contingentes), hay que suponer la existencia de un ser absolutamente necesario (que sería Dios).

Este argumento es muy potente, pues sustenta su punto fuerte en un principio ontológico fundamental que no se puede poner en duda. Ahora bien, una de las respuestas filosóficas que se pueden ofrecer es que el argumento cosmológico, en el mejor de los casos, demostraría la existencia de un ser necesario, un ente necesario. Pero, ¿cómo podemos estar seguros de que este ente sea un Dios? Podría tratarse de la Naturaleza, o un ser eterno sin subjetividad ni personalidad alguna, un ser sin conciencia, sin voluntad, sin amor… No creo que nadie viera en este ente un Dios aceptable. ¿Para qué ofrecerle sacrificios si no le importa? ¿Para qué rezarle si no os escucha? ¿Para qué prestarle obediencia si no nos pide nada? Y la clave, ¿para qué amar a un Dios así si no nos ama?

3) El argumento físico-teológico. Si un día caminando por otro planeta nos encontráramos un reloj (o cualquier artefacto complejo), nadie podría creer que es simplemente el fruto de las leyes físicas o de las leyes de la naturaleza. Todos lo entenderíamos como el resultado de una inteligencia que ha llevado una acción deliberada. Siguiendo con este razonamiento, si cualquiera de los seres vivos es infinitamente más complejo que el reloj más sofisticado, ¿cómo podemos explicar esto? El mundo, así, respondería demasiado a un orden, a cierta armonía, como para poder explicarlo sin suponer que tiene en su origen una inteligencia benévola y organizadora.

La crítica a este argumento es también muy dura. ¿De qué armonía estamos hablando? El universo está repleto tanto de azar como de horrores. Las leyes de la naturaleza, el azar y la necesidad, la evolución, todo esto cada vez explica más y mejor la existencia del universo. No parece que la racionalidad humana requiera de una inteligencia ordenadora cuando podemos explicar muchas de las cosas que existen sin tener que recurrir a ella. Me  gustaría añadir, parafraseando a Adorno, ¿qué Dios puede haber después de Auschwitz o Ruanda?

Podemos concluir brevemente diciendo que Dios es objeto de fe más que de pensamiento. No parece que haya ningún creyente que pueda estar más seguro de la existencia de Dios que cualquier persona pueda estarlo de sus sueños cuando está durmiendo.

 

Manuel Bermúdez Vázquez.