MORS TUA VITA MEA

La suerte es un concepto abstracto que ha gozado y goza de una extraordinaria imagen. Al menos así lo suele explicar la filosofía. Ocurre que resulta poco frecuente reflexionar sobre lo que es la suerte en sí y es lo que me propongo hacer brevemente aquí. Dicho así rápidamente, que la suerte es abstracta, resulta tan obvia la afirmación que parece emparentada con Perogrullo. Sin embargo, si meditamos más pausadamente sobre ello vemos que quizá no es así.

La suerte no es tangible, no quiero compararla con la libertad que quizá sí lo sea, o con el amor, que no lo es, pero es un concepto similar a ellos. Y no es tangible a pesar de que un día podamos coger entre nuestras manos las ganancias de un boleto de la lotería, ya que ese mismo dinero no sería suerte, sino fruto de ella. Nunca podremos asir entre nuestros dedos nada que sea suerte. De este hecho se deriva una importante consecuencia, y es que la suerte va a ser relativa al individuo. Cada persona tendrá una visión personal, intransferible y única de la suerte. De modo que hay tantas suertes como personas.

La suerte es, probablemente, a lo que más se encomiendan los seres humanos, por encima de dioses y religiones, ya que se le confiere un carácter de azar universal que nos la sitúa más cercana que la mayoría de las deidades. Todos queremos, invariablemente, tener suerte. Lo que no nos detenemos a reflexionar es que, dado el carácter personal de esa suerte, nuestra suerte significará, quizá, la desdicha para alguna otra persona; y viceversa, nuestra infortuna puede que coincida con la fortuna de alguien. De modo que si nos regimos por un afán de altruismo y filantropía incluso podemos tomarnos nuestros avatares desgraciados como contrapeso necesario a la suerte de algún afortunado. Así, podemos estar contentos con alguien por nuestra mala suerte. Aunque reconozco que este nivel de bondad es difícilmente alcanzable. En cualquier caso, también hay veces en las que la suerte se presenta sin ninguna conexión con nadie, como cuando vemos una estrella fugaz, porque en ese caso, no perjudicamos a nadie y a la par nos beneficiamos, ya que no está escrito en ninguna parte que una estrella fugaz no pueda conceder más de un deseo.

Sea como fuere, la reflexión más oscura que se me ha presentado vino con gran velocidad si se piensa con cierto detenimiento sobre ella, y es que si la suerte más habitual está en conexión con las suertes de otras personas, eso viene a dar la razón al controvertido dicho latino que da título a estas líneas: “Mors tua vita mea”, que viene a significar algo así como “Tu muerte es mi vida”. En otras palabras, que el hecho de que alguien haya muerto, o sea, mala suerte, marca nítidamente que yo estoy vivo, o sea, buena suerte.

Moraleja: quizá sería oportuno relativizar nuestros arrebatos de pena o alegría en cuestiones relativas a la azarosa suerte, porque si logramos superar el núcleo de egoísmo inherente a cada persona y conseguimos una visión distinta, más filantrópica, tal vez podamos ver que siempre hay otra cara de la moneda.

Por Manuel Bermúdez Vázquez.

Víctor Kravchenko – Filosoqué?

Víctor Kravchenko fue un diplomático soviético que, en 1944, en Nueva York, mientras formaba parte de una delegación soviética destinada en Estados Unidos para llevar a cabo grandes compras para el esfuerzo bélico, desertó de la URSS y escribió I choose freedom. Este libro fue el primer informe substancial de los horrores del estalinismo que llegó a Occidente, con una descripción detallada de las colectivizaciones forzadas y las hambrunas masivas en Ucrania, en las que el mismo Kravchenko participó.

Normalmente, el interés que el mundo occidental tuvo en Kravchenko terminó en 1949, cuando ganó el gran juicio contra sus acusadores soviéticos en París. Pero lo que es mucho menos conocido es que, justo después de su victoria judicial en París, cuando Kravchenko era considerado por todo el mundo como un héroe de la guerra fría, eso sí, visto desde el lado occidental, se preocupó profundamente sobre la caza de brujas anticomunista que estaba llevando a cabo McCarthy. El desertor soviético advirtió sobre esta situación, tal manera de luchar contra el estalinismo corría el riesgo de llegar a parecerse demasiado a su oponente. También empezó a ser cada vez más consciente de las injusticias del mundo occidental y, después de ver esta situación, escribió una secuela de su primera obra, I choose justice, un título elocuente mediante el cual Kravchenko se comprometió en una cruzada para encontrar una nueva forma menos explotadora de la organización de la producción.

Esto lo condujo a Sudamérica, concretamente a Perú y Bolivia, donde invirtió y perdió todo el dinero que había conseguido gracias a los derechos de su libro I choose freedom, que, por entonces, ya era considerado una de las obras de referencia del anticomunismo. Esta inversión la dedicó a organizar a los granjeros pobres en colectivos nuevos. El fracaso de esta iniciativa de Kravchenko pudo deberse tanto a la presión agresiva de algunos gobiernos, como a la obstrucción oficial, las actividades algo oscuras de algunos de sus socios o, también, a la presión del KGB.

Sea como fuere, Kravchenko, arruinado, regresó a Nueva York, donde se suicidó en 1966.
Kravchenko es un personaje que merece nuestra atención. Fue un hombre que persiguió la justicia, y ello lo condujo a denunciar los actos horribles que estaban sucediendo en la Unión Soviética, pero este acto mismo se puede considerar un acto genuino de protesta comunista en contra de la injusticia. Quizá es gente así lo que realmente necesitamos en nuestro tiempo.

Fuentes:

http://www.youtube.com/watch?v=k-8oD9TwpYs

Wikipedia.

Ampliando el concepto de la diferencia entre daño y ofensa

En una entrada anterior comentábamos la diferencia existente entre estos dos términos que mucha gente tendía a no diferenciar, cuando sus significados son totalmente distindos.

Ampliando el concepto de la diferencia entre daño y ofensa

pretendemos solventar la duda que un miembro de la comunidad de Filosoqué nos planteo en los comentarios a propósito de lo que comentamos en este primer este vídeo.

Sócrates decía: "Una vida no reflexionada, no merece ser vivida."